La ética relajada

Muchas personas afirman (y creen genuinamente) que debe tenerse unas ciertas “características morales” para criticar algunos hechos. Y es que pensándolo así, rápidamente, parece que tiene toda la lógica del mundo. Por ejemplo, ¿cómo puede alguien oponerse a la pena de muerte en un país y hacerse el loco en otro?

A mi parecer, lo que sucede, es que para criticar un hecho, no hace falta ser San Francisco de Asís y haberse redimido uno mismo de todos sus pecados -o no haber cometido pecado alguno-. A veces nos tomamos al pie de la letra aquello de “el que esté libre de pecado…”, pero en realidad, para criticar un determinado hecho u oponerse a determinada injusticia, lo único que hace falta son argumentos sólidos. ¿Que si critico algo, los mismos argumentos pueden ser usados en mi contra en un futuro? Es probable que sí, pero eso no los hace menos válidos.

Es inconcebible que uno no pueda criticar el terrorismo de Al-Qaeda, sin que salga alguien con una inteligente observación de “¿por qué no criticas también el bloqueo Israelí en Gaza?”. Que no se pueda criticar la sentencia a muerte de Sakineh Ashtiani sin que salga uno que quiere ser mas humanista que los demás a decir “es que no criticas la ejecución de Teresa Lewis“. Que no pueda uno criticar las corridas de toros o los toros coleados porque alguien sale a decir “pero tú igual comes carne”. Y por supuesto, no puedes criticar que la policía maltrate a los ciudadanos porque “no criticas que la policía maltrataba hace 30 años”.

Y pareciera que para estos virtuosos del humanismo, si quiero criticar una injusticia del mundo, debo criticarlas todas en conjunto, desde 1830 (o antes) para acá, porque si no, mi argumento no será válido.

Y pués resulta que a mi me parecen atroces los atentados donde mueren miles de personas inocentes, usando además a Dios como excusa, me parece inhumano que una mujer sea condenada a morir lapidada, por un crimen que además confesó bajo tortura, me parece anti-ético disfrutar un espectáculo donde un animal es torturado y asesinado lentamente, y me parece incorrecto que personas sean detenidas y enjuiciadas por protestar por un servicio que no funciona o por no estar de acuerdo con un gobierno. Y no, para eso no necesito criticar además a Israel, a la pena de muerte en Estados Unidos, a los que comen carne, ni a los policías de hace 30 años. Por una razón muy sencilla: ninguna de esas cosas justifica, ni remotamente, lo que estoy criticando. Las cosas que critico son, en si mismas, atroces, sin tener que relativizar.

Por cierto, es paradójico que para esos mismos virtuosos del humanismo, los tira-piedras y encapuchados de hace 30 años eran luchadores sociales y no vándalos, y los militares sublevados de hace 20 años eran reivindicadores y no golpistas, y Fidel Castro es amado por un pueblo que, sin embargo, jamás ha votado por él en una elección directa.

No es que sea falta de ética, es sólo una suerte de ética relajada…

Imagen: hebedesign via photopin [cc]

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