Mi post-mortem de ‘Sangre en el diván’

El porqué

Un buen día, comprando libros, me encontré con que la encargada de la librería estaba separando, de un cargamento recién llegado, más o menos la mitad de los ejemplares de Sangre en el Diván: el extraordinario caso del Dr. Chirinos” porque estaban apartados para clientes que llevaban semanas esperándolos.

Ya conocía el caso y me había enterado de la publicación del libro, así que en un ataque de mórbida curiosidad, excusada en la idea de que podía ser una obra maestra de la No-Ficción venezolana, compré un ejemplar.

Pero no, no era una obra maestra.

La estructura

Los primeros dos capítulos narran el crímen, sus circunstancias y la investigación posterior. Es una narración revestida de una implacable crudeza, de esa que apreciaríamos en un relato de ficción, pero que se nos hace desagradable cuando nos están hablando de una persona de la que vimos fotos, conocimos su historia, leímos sus blogs y hasta fragmentos de su diario personal. Que tiene papá y mamá, hermanos y amigos. Es lo que podría describir como “demasiado real para mi gusto”. Leer este capítulo me hizo recordar un review leído unos días antes, cuyo autor afirmaba que el libro era tan grotesco que le costó terminarlo de leer. La parte referente a la investigación está muy al estilo CSI (y me estoy tomando una gran licencia para afirmar esto).

A continuación el libro se toma tres capítulos para adentrarse en el personaje. Y en este punto debería quedar claro que el libro no es acerca de la víctima, ni siquiera acerca del crímen en si. El leit motiv del libro parece ser, sin duda, el victimario. Esta parte comienza con una narración, que si bien no es totalmente aséptica, sí se puede catalogar de medianamente objetiva, sin exagerar en juicios de valor e incluyendo algunos testimonios. A partir de aquí el efecto “demasiado real para mi gusto” desaparece y el libro se hace bastante digerible. Continúa esta parte con un capítulo que nuevamente habla del victimario, pero desde su propio punto de vista. Es una sección llena de imprecisiones, contradicciones y un muy pobre estilo, atribuible en este caso al propio sujeto y no a la autora, ya que es él quien habla. Si la intención es exponer al protagonista como loco y megalómano, este capítulo sin duda alguna lo logra.

Culmina esta segunda parte del libro con tres diagnósticos, elaborados por profesionales de la salud mental, acerca del Dr. Chirinos. Diagnósticos apoyados en la investigación hecha por la autora y en otra tanta información que es de dominio público. Sería difícil pensar que alguno de estos profesionales haya tenido oportunidad de entrevistar al doctor de manera personal. Oportunidad que, por cierto, sí tuvo la autora.

La última parte del libro nos narra la parte final del juicio, la sentencia, las reacciones de las partes involucradas. Además muestra varios elementos de la investigación, esta vez centrados más en el punto de vista de la Fiscalía, que en el punto de vista policial, aún cuando no deja de incluir elementos de este.

El libro cierra con un anexo que presenta una entrevista que hiciera Miyó Vestrini en 1991 a Edmundo Chirinos. Esta parte, otra vez desde mi punto de vista, es totalmente innecesaria y está fuera de lugar. Resalta sí, una simpatía de Chirinos con el marxismo, por demás natural, porque apenas tres años atrás Chirinos venía de ser candidato presidencial por el PCV. Irrelevante, sin duda. El libro, sin este anexo no habría sido peor, ni tampoco mejor. Sólo más corto.

El resultado

El estilo: No lo calificaría de bueno ni de malo. Demasiado coloquial en muchos casos. De mal gusto en diversos aspectos. Efectista, totalmente efectista, eso sí. A mi en general no me gustó. Pero entre gustos y colores…

Redundancia: Bastante. En algunos casos no es mala: se usa para resaltar un mismo hecho a través de diferentes capítulos. En otros casos, pura y simple repetición sin función alguna, totalmente prescindible.

Vinculaciones con al gobierno: Acerca de las vinculaciones del Dr. Chirinos con el presidente de la república (y su ex-esposa), debo diferir de algunas opiniones que he leído. Esta vinculación, sólo se menciona por la autora de manera directa en una ocasión y como referencia biográfica. Todas las demás menciones obedecen a que el propio Chirinos, antes y durante el proceso judicial, hacía referencia a dicha relación.

La recomendación

Haciendo honor a la verdad, no creo que leer el libro sea botar el dinero. En primer lugar porque no es caro. En segundo lugar porque el tema tratado no deja de ser interesante para quien le guste lo policial. Y en tercer lugar, porque así sea a punta de efectismo, logra mantener medianamente el interés.

Pero así como no se perdería el dinero, tampoco se ganaría nada, intelectualmente hablando. Los hechos de la historia se encuentran en internet. La descripción que hace Chirinos de si mismo, causa hasta gracia. Cuidado si no lástima. Y el suspenso, es casi inexistente.

En resumen, es un libro a medio camino entre novela policial y trabajo de investigación. Un buen trabajo periodístico que luce completo, pero no tan bien llevado al papel como se esperaría. Un intento de venezolanizar el género  Novela Testimonio, con un victimario menos empático que Perry y una escritora menos singular que Capote (In Cold Blood, 1966). Pero un buen intento, después de todo.
Imagen: Alan Cleaver via photopin [cc]

2 Comments

  1. clauf June 17, 2011
  2. blanca February 24, 2012

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